Entrevista

Por Luis Gasulla*

Entrevista a Rodolfo Córdoba. Subsecretario de Producción del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

"Donde no está muerta la utopía, es en los jóvenes"

Rodolfo Cordoba
Rodolfo Cordoba
Subsecretario de Producción

El subsecretario rememora: “Yo ví y viví en un país feliz en algunos momentos porque, fundamentalmente, porque los trabajadores eran felices. En esta circunstancia que estamos transitando, mi preocupación no es realizar un país ¡hoy!, pero sí me preocupa la felicidad de mis hijos e inclusive la de mis nietos que tengo dos. Esa felicidad estará basada en el trabajo. Por otra parte, creo que el país empieza a ser feliz. Hay, realmente, atisbos de recuperación muy importantes pero hace falta programar un país para dentro de 20 años”.

Sarmiento y Florida. El cielo negro amenaza con obsequiar una de esas características tormentas de verano. El ascensor me traslada hasta el piso 15. Repaso las preguntas en la sala de espera. Impresiona la altura de Rodolfo Córdoba, las fotos suelen engañar. Gigante, el funcionario me saluda con un apretón de manos inmerso en un despacho que desborda papeles. "Sobre la situación del país, la economía y la generación de empleo", le comento a mi entrevistado, que serán los temas de la charla. La política, invitada de lujo, apasionante y desmedida, pronto se hace presente y se sienta en la mesa. Política, una palabra que para Córdoba es más que eso. Es una práctica. Algo opuesto a lo que la mayoría de los negociantes de la política entienden por ella. Militante de la vida, Córdoba me hace un guiño; el grabador ya está encendido, y la cinta ha comenzado a correr.

En los años ´90 se habló de la teoría del derrame; se decía que cuando si la economía crece, a todos nos iría mejor...La economía creció pero millones nos achicamos. Ahora… ¿en un contexto con superávit fiscal, ¿cuáles son las formas de generar trabajo genuino?
“Es un tema amplio. En principio, puedo tener un criterio general para lo que es la situación del país, y un criterio en particular de lo que es la Subsecretaría de Producción del Gobierno de la Ciudad, donde tenemos una actividad concreta sobre la generación de empleo. En cuanto al criterio general para el país, a mí me parece clave tener un proyecto de desarrollo industrial que involucre a las economías regionales, fundamentalmente, y a los sectores más rezagados que tiene la Argentina. Las posibilidades están dadas ya que la política económica permite una generación y producción industrial por el tipo de cambio, por el superávit fiscal que tiene el gobierno nacional –el cual viene creciendo, período a período-, permite y obliga a tener un plan de desarrollo que nos involucre a la mayoría de los argentinos en los próximos diez años. Además, la voluntad política del presidente, en relación con el desarrollo y creación de un país distinto, está expuesta en muchos temas; pero es una asignación pendiente, todavía, en el modelo de país con desarrollo industrial que nosotros queremos. Hoy está muy basado sobre los productos primarios que no tienen demasiado valor agregado. Ese es un proceso en donde la actividad económica y los actores económicos, involucrados en la producción (si bien hacen mucho esfuerzo en la generación de valor agregado a sus productos), todavía no encontramos un diseño nacional que involucre a todos”.

¿Considera que hay problemas de fondo, en ese sentido, de infraestructura?
“La voluntad política para cambiar, está, no hay ninguna duda. Los problemas, existen, persisten en la infraestructura. El abandono sobre la inversión pública, en la última década, fue espantosa. El desguace del Estado fue terrible y recuperar eso, va a llevar mucho tiempo. Es que planificar un país no es hacerlo para ahora; sino para el mañana”. 

¿Cómo se recuperaría el Estado, luego de que se privatizó todo? ¿Cuál es la solución, el sistema mixto, el tutelaje estatal, mantener subsidios elevados a los concesionarios como es el caso de los ferrocarriles?
Privatizar y subsidiar para la privatización es una aberración desde todo punto de vista. Ese es un ejemplo claro, en los ´90 se decía, mediante una terrible campaña, que lo más deficitario que teníamos eran los ferrocarriles, y hoy se gasta el doble, mediante subsidios, y tenemos peores servicios. ¡Creo que hay que recuperar el Estado! Pero no creo que el Estado tenga que ser fabricante. Las fábricas tienen que ser de los empresarios y de los trabajadores. Aunque la iniciativa de la producción la tiene que tener el Estado y los servicios que todos los argentinos usamos creo que tienen que ser del Estado y no de una empresa privada. El tema de la energía, los recursos naturales, el agua, las comunicaciones, el transporte, todos esos temas que son tan importantes para todos son nosotros, son tan importantes como la salud y la educación. Y el rol más importante es el del Estado.

¿Y cómo se puede alcanzar esa tan ansiada y deseada justicia y equidad social, con empresarios que incumplen la ley, con sindicatos corrompidos por el dinero, con funcionarios que cambian de ideología según cómo salga el sol e intendentes corruptos, con Barrionuevos, Quindimiles, Borocotazos y tantos atorrantes cercanos al poder?
“Por eso hay que recuperar el Estado y terminar con ese tipo de empresariado que pauperiza el salario e incumple la ley. Esto no quiere decir recuperar el gobierno. Yo estoy muy de acuerdo con el 99% de las políticas del gobierno y, a lo mejor, discrepo en el mismo porcentaje con algunos integrantes del gobierno –esa es otra cuestión-. Pero cuando digo que hay que recuperar el Estado, tiene que ser recuperado por los trabajadores, por su participación activa. Y cuando digo el Estado, digo todas las instituciones del Estado. En realidad deben ser recuperadas por el pueblo. No hay alternativa. No puede haber una elite de conducción ajena al propio Estado. El Estado lo formamos nosotros mismos. Y eso hay que recuperar, desde los sindicatos corruptos –que los hay- y el resto de las instituciones que están algunas en proceso –por ejemplo, el caso de la Corte Suprema que se ha recuperado en comparación con la de los noventa, más allá que algunos jueces federales deberían estar presos-. Pero todo no se ha podido recuperar, como gobiernos provinciales que siguen con una visión parecida o maquillada de los noventa. Mimetizadas y engañosas políticas pero, al fin, aplicaciones de políticas contrarias al pueblo y al Estado”.
 
Cómo hombre cercano a la CTA (Rodolfo Córdoba fue tesorero de la Central de Trabajadores Argentina) ¿qué rol deberían cumplir las organizaciones sociales y la CTA? Algunos piensan que el entrismo es la mejor opción y otros se manifiestan en una posición de firmes ante la idea de oposición total al gobierno...
“Hay que hacer diferencias entro lo electoral y la aplicación de la gestión política y de las decisiones políticas. Creo que, en las decisiones electorales, no es bueno apoyar en ese plano”.

¿Por qué?
“Porque el pueblo está lejano de cualquier diseño electoral. Los diseños electorales están en función de un esquema en donde casi no hay participación del pueblo. Eso es lo que el sistema electoral le ofrece al pueblo, con que cada dos años votemos y listo. Legitimemos. Bueno o Malo. Creo que las organizaciones del campo popular, si bien pueden participar con propuestas propias, me parece que involucrarse en un proceso electoral no es bueno; o por lo menos no es el objeto por el cual conforman ese tipo de espacio. Las organizaciones populares no construyen para conformar un partido electoral. Construyen desde la visión de la necesidad del pueblo. Se podrán equivocar o no, pero el destino de su construcción no es ganar una elección. No es tan exiguo que se agota a la hora de votar. Ese no es el esquema de la CTA ni de las organizaciones del campo popular. Ese es el esquema de los partidos. Es otro esquema de construcción”.  

¿Cómo ve el panorama político en este año, justamente electoral?
“Me parece que el emergente nacional de la crisis, evidentemente, es el presidente. Lo que sí creo es que no hay construcción de un movimiento que represente el ideario político de Kirchner. Estamos en un tránsito donde las urgencias fueron dominándonos y la construcción de un movimiento popular que marque políticas para que el presidente pueda tomar, todavía pasan más por los reclamos que por una construcción en ese sentido”.

Claro. Son las contradicciones que a uno le genera ver cerca del poder a los personajes que le mencionaba anteriormente. ¿Entonces, cómo es la cosa, cuál es el límite? ¿Se transforma un país con los personajes que destruyeron al país? ¿Barrionuevo? ¿Quindimil?
“Chacho Álvarez. Sí. Esa es la contradicción de la política. Eso es lo que demuestra la falencia de la construcción propia. En realidad en el apoyo y en el diseño de las políticas de este gobierno, los que venimos del campo popular estamos de acuerdo con las políticas pero no estamos de acuerdo con el armado electoral de algunos distritos que se termina repitiendo la vieja política con promesas de que van a ser distintos porque se hicieron una transfusión de sangre...No lo creemos. Lo que sí algunos tenemos que tomar cada vez más conciencia de que nuestros lugares claves de laburo tenemos que tomar las riendas. Desde los compañeros que actúan en comedores, cooperativas, centros culturales, CTA, vayan sacando lo malo. Es que en esa parte se va encontrando un espacio que es de los jóvenes. Los jóvenes no encuentran un espacio en la vieja acción católica de la derecha (nos reímos) ni en los tradicionales partidos políticas ni en las unidades básicas o comités; sino en las organizaciones sociales. Allí encuentran su espacio de militancia. Atravesándolas. Desarrollando sus actividades en cada uno de los territorios. Lo hacen desde su propia militante. Desde lo que tienen y lo que no tienen, manteniendo viva esa utopía de lograr introducir un diseño de políticas de un armado distinto y más justo de país. Donde no está muerta la utopía, en es los jóvenes. Y ellos están en los lugares más remotos del poder”.

El círculo está cerrado. Córdoba me muestra su cuadro de Germán Abdala. Un símbolo de su discurso, de sus palabras. Ni Perón, ni Evita, ni Cámpora, ni Kirchner están ahí. Germán presencia el diálogo. Lo observamos en todo su esplendor, en un único cuadro que decora la oficina de trabajo. Aunque las contradicciones con el poder no hayan desaparecido y que personas como “el negro” (como le dicen sus allegados de confianza al subsecretario de producción) y tantos otros se sientan como Quijote combatiendo contra los molinos de viento de la vieja política, la esperanza no está extinta. Tal vez, la utopía tome el poder y sea otra cosa; por lo menos para que sus nietos, los míos y de todos, lo puedan ver. Vivir. Me despido. Ya no con un apretón de manos sino con un abrazo. 

*Redacción Alerta Militante

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