Editorial |
Por Lic. Mariano Echenique * |
Escuela Secundaria y Memoria |
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La Secretaría de Educación del GCBA presentó hace poco la Colección De Memoria: se trata de 3 CDs multimedia acerca de nuestro pasado reciente, editados por Memoria Abierta, un espacio que reúne varias organizaciones de derechos humanos.
Estos archivos contienen testimonios y documentos de la época del terrorismo de Estado y los periodos anterior y posterior. Abordar esta problemática en la escuela media fue siempre complejo. En la primavera democrática el abordaje no era histórico sino casi vivencial. Las desapariciones “estaban ahí”. En mi colegio, la Escuela Normal Mariano Acosta, la desaparición de 3 alumnos había ocurrido en 1979. Los que comenzamos a militar en el centro de estudiantes en 1984 (un año antes se había recreado en reuniones clandestinas en la Plaza Miserere) estábamos a 5 años del horror (la misma distancia que hoy nos separa de la crisis de 2001). Reflexionar acerca del terrorismo de Estado desde una asignatura o una actividad curricular obligatoria era impensable. Por entonces intuíamos que algunas autoridades o docentes podrían haber favorecido que esos 3 estudiantes pasaran a se
r desaparecidos. Recuerdo cuando Adolfo Pérez Esquivel vino a la escuela y centenares de estudiantes terciarios y secundarios participamos de un acto cuyo cierre fue gritar desaforados por la aparición con vida y castigo a los culpables. El centro de estudiantes de entonces participaba de las marchas a favor de la verdad y la justicia y comprábamos el Diario del Juicio, que recientemente fue reeditado, para que cualquier estudiante pudiera leerlo. También luchabamos por el boleto estudiantil, que se consiguió en la capital federal en 1988, y por varias reivindicaciones tales como la reforma a los planes de estudio, la autodisciplina, la cooperativización, las faltas por materia, más presupuesto, etc. En ese momento teníamos la sensación de que la democracia se iba a terminar consolidando, pero nadie tenia la certeza. Es decir, cuando salió la película “La noche de los lápices” dudábamos si era bueno o no pasarla en las escuelas que integrábamos la Federación de Estudiantes Secundarios. Sucedía que en algunas escuelas se producía el efecto contrario al buscado: el miedo se apoderaba de los pibes, esa sensación que aquello podría volver a pasar, con la consiguiente desmovilización. Casi veinte años pasaron y hoy parecen haberse disipado esos temores. Ya no nos ladra el perro bravo de la dictadura aunque tampoco nos calienta el solcito de que la democracia nos conduciría a la liberación nacional, o al menos a mas soberanía, más poder popular, más igualdad social. Vinieron los 90, vino el menemismo y con él la fea sensación de que con los votos de la mayoría se hipotecaba el país, avanzaba la exclusión social, la escuela no era más antesala del ingreso al mundo del trabajo y la política era solo para enriquecerse. Los militares ya no podían levantarse como en los años 80, las libertades públicas estaban aseguradas, pero el orden socioeconómico de los militares del 76 (desindustrializaciòn, disciplinamiento social) estaba entre nosotros.
En el actual contexto la iniciativa del GCBA es interesante, se trata de rescatar la memoria. Rescatar la memoria, podríamos agregar, no sólo para pedir verdad y justicia o la restitución de la identidad a los hijos de desaparecidos, sino también para refirmar la necesidad de la militancia social y política como herramienta de cambio de la educación y de la sociedad toda.
*Lic. Ciencias de la Comunicación UBA (Coordinador del Foro Educación del Instituto Hanna Arendt)