Editorial

FUERON DE FRENTE

AM ESTUVO PRESENTE EN LA ASUNCION DE TABARE VAZQUEZ

«El Frente Amplio no fue un partido de Izquierda: fue un Frente popular en el mas uruguayo de los sentidos. Podía encontrarse de todo allí. Hasta militares. Y esta notable construcción política cambió los destinos de Uruguay para siempre.»

 

 

El presidente electo Tabaré Vásquez esperaba impaciente la ceremonia de cambio de mando. La agenda indicaba que en el «Edificio Independencia» se procedería inmediatamente a la instalación del nuevo «Consejo de Ministros». Detrás de los vallados instalados en la «Plaza Independencia» miles de Uruguayos y militantes de disímiles organizaciones políticas latinoamericanas, esperábamos ordenados lo que entendemos el comienzo de un proceso político liminal en la región. Dos manifestantes con sus rostros pintados con los colores del Frente Amplio discuten... mejor dicho debaten efusivamente, ya que uno abucheó la salida del al ahora ex Presidente Jorge Batlle. Sentí miedo por la seguridad física de quien espetó a viva voz, «Batlle ejecutó una pésima gestión...está claro...pero intentó cambiar el rumbo con honestidad...y por sobre todas las cosas, no se debe insultar a quien defendiera los intereses de la República ». Contra todos los pronósticos en ningún momento manifestante alguno siquiera amagó con gestos de agresión. Cuando el nuevo gobierno saludó desde el balcón a quienes hicimos guardia en la Plaza , observé con claridad a los disertantes con lagrimas en sus ojos...se abrazaron a la misma causa». El sistema de partidos uruguayo puede describirse como un bipartidismo hasta 1971 y un multipartidismo moderado desde entonces.  Pero según el criterio de la alternancia de los partidos en el Gobierno, en Uruguay funcionó un sistema del tipo «predominante» hasta 1958, dado que el Partido Colorado ganó todas las elecciones hasta esa fecha. Recién cuando los Blancos ganan las elecciones por primera vez, el sistema se transformará en multipartidista. Aprovechando la experiencia frentista chilena (Gobierno de Salvador Allende) se producen las primeras interrelaciones serias (no solo electoral) entre el Partido Socialista, el Partido Comunista, y la democracia Cristiana. Pero para convertirse en una opción real de poder faltaban los «Blancos independientes». Es en este período histórico en donde se produce un punto de inflexión de la política que cambiaría los destinos de Uruguay en 1971. «El Frente Amplio no fue un partido de Izquierda: fue un Frente popular en el mas uruguayo de los sentidos. Podía encontrarse de todo allí. Hasta militares. Y esta notable construcción política cambió los destinos de Uruguay para siempre.»   Un fenómeno que los Argentinos bien conocemos es el de la fraccionalización interna de los partidos, proceso que motivó que muchas decisiones políticas trascendentes se tomaran por acuerdos de fracciones entre las organizaciones partidarias, con la oposición de coaliciones de veto interfraccionales.  Las coaliciones entre Blancos y Colorados, fueron de fracciones, antes que coaliciones de partidos y en el caso argentino el denominado pacto de Olivos (Menem-Alfonsín) de ninguna manera puede ser considerado como un acuerdo entre Radicales y Justicialistas; justamente el mencionado pacto motivó la escisión de las fracciones internas de los mencionados partidos tradicionales. A partir de 1985 se instaló en Uruguay definitivamente un escenario paradójico, los sectores mayoritarios de los partidos tradicionales han tendido a unirse como un bloque frente al triunfo de las organizaciones del centro-izquierda. Se agudiza el escenario de competencia ideológica «izquierda-derecha» / «Partidos tradicionales-Frentes políticos». La complicidad y connivencia del Gobierno Menemista para con algunos dirigentes del radicalismo conservador, significó la supervivencia de estructuras arcaicas tradicionales mediante espurios acuerdos; significando la exclusión de terceras posiciones frentistas. Se trata entonces que de la «incorporación del sistema bipartidista en su conjunto, proceso en el cual los partidos pierden su identidad específica, cortando las amarras que los vinculaban con los intereses de su bases social y su pasado histórico.»   Por consiguiente, al agudizarse este escenario, los electores no solo han superado las barreras fraccionales que los distanciaban, sino que han superado sus propias barreras partidarias. El Domingo 31 de octubre de 1999 se llevaron a cabo en Uruguay elecciones Legislativas; y por primera vez, el partido mas votado no obtuvo el control del poder ejecutivo; y por primera vez no ganó algunos de los dos partidos tradicionales. Si bien la coalición de izquierda (Encuentro Progresista-Frente Amplio) fue la fuerza política mas votada superando en ocho puntos porcentuales al Partido Colorado y en catorce al Partido Blanco. En el balotaje de 1999 la alianza entre Blancos y Colorados confirmó una vez más a los partidos tradicionales en el control del congreso. Los anticuerpos del sistema tradicional ofrece resistencia, pero el final está anunciado. El titular de el diario «El País» ofrece en su portada del 1º de marzo de 2005: «Vásquez asume primer gobierno de izquierda». No es posible en esta pequeña editorial expresar el gratificante discurso inaugural de la gestión Frenteamplista en las escalinatas del Palacio Legislativo. El Frente Amplio, el PT (Partido de los Trabalhadores) iluminan y sientan precedentes en la región. Esta construcción continúa vacante en nuestro país. Alerta Militante no hizo turismo político en la hermana República del Uruguay; sino que se entiende parte de un proyecto de país de corte Republicano, de claro contenido ideológico a la izquierda del centro, con vocación frentista... porque AM también va de Frente.

 

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