Educación |
* Por Maria José Lubertino |
"9 de cada 10 estamos esperando" |
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El Congreso de la Nación sancionó en el año 2002 la Ley 25.673 que creó el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable en el ámbito del Ministerio de Salud, después de muchos años de lucha del movimiento de mujeres. Los objetivos del Programa son alcanzar para la población el nivel más elevado de salud sexual y procreación responsable con el fin de que pueda adoptar decisiones libres de discriminaciones, coacciones o violencia, disminuir la morbimortalidad maternoinfantil, prevenir embarazos no deseados, promover la salud sexual de los y las adolescentes, contribuir a la prevención y detección precoz de enfermedades de transmisión sexual, de vih-sida y de patologías genital y mamarias y garantizar a toda la población el acceso a la información, orientación, métodos y prestaciones de servicios referidos a la salud sexual y procreación responsable.
Para el cumplimiento de todos estos objetivos resulta evidente la necesidad de la educación sexual en todos los establecimientos educativos del país, públicos y privados.
En el año 2003 presenté como Diputada Nacional un Proyecto de Ley para la creación de un Programa Nacional de Educación Sexual, en la convicción de que éste es un derecho humano básico de todas las personas y una necesidad imprescindible en nuestro país, tanto para los niños, niñas y adolescentes como para sus papás y mamás.
Como docente, como madre, como experta en temas de género, a lo largo de estas más de dos décadas de democracia, he compartido ámbitos en los cuales mujeres de distintos niveles socio-económicos manifestaban su desinformación o la de sus hijas e hijos en estas materias y fundamentalmente relataban las consecuencias desastrosas de esa falta de información y los impactos muchas veces irreversibles en sus vidas. Sin embargo, también durante estos 20 años de democracia, cada vez que en algún ámbito político se visibilizaba la intención de avanzar en estos temas se levantaban voces contrarias cuestionando la implementación de políticas públicas en este tópico. Los datos duros en materia de salud hablan por sí solos. El aumento en los últimos años de los embarazos adolescentes, la disminución de la edad a la que se tiene la primera relación sexual, la escasa protección con la que los chicos y chicas las encaran, con el consabido riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual, la violencia contra las mujeres, ya sea los abusos sexuales contra las niñas o en las relaciones de noviazgo, la aceleración del contagio del vih-sida entre mujeres cada vez más jóvenes, las internaciones y las muertes provocadas por abortos clandestinos, son problemas de salud y problemas sociales. A esto deberíamos agregar temas que, como la discriminación por razón de orientación sexual y la identidad de género, sólo pueden ser abordados removiendo el desconocimiento, el prejuicio y la ignorancia. Los y las jóvenes y adolescentes están expuestos más que nunca, a través de los medios de comunicación, a un bombardeo de imágenes y de mensajes que los y las empujan a una sexualidad ficticia que poco tiene que ver con la sexualidad placentera, agradable, satisfactoria a que aspiramos seguramente el común de los y las mortales, pero que sin embargo genera una “presión”, una suerte de “consumo sexual” de modelos de masculinidad y feminidad que debe ser imitados, que conlleva sometimiento de las mujeres y confusión en términos de lo placentero y lo violento.
La TV e Internet facilitan el acceso de los chicos y las chicas a espacios que dan una imagen degradada y en ocasiones violenta de la sexualidad (pornografía, violencia sexual), cuestión que no se resuelve con políticas restrictivas poniendo horarios de protección al/la menor o bloqueadores en los cyber, sino dándoles elementos acorde con su edad y por ende con su capacidad de comprensión que les permitan neutralizar e interpretar, les sirvan de protección y los y las preparen para enfrentarlo con discernimiento propio descartando contenidos que puedan serles nocivos.
El Instituto Social y Político de la Mujer, desde hace 17 años, viene estudiando y abogando por los derechos sexuales y reproductivos. La Asociación Ciudadana por los Derechos Humanos, a través de sus áreas de Juventud y la de Diversidad Sexual, desde 1997 ha trabajado en el mismo sentido. Hemos acompañando el reclamo del movimiento de mujeres -expresado a través de los 19 Encuentros Nacionales- para que efectivamente haya educación sexual en todos los establecimientos educativos, en todas las provincias, concientes de que es absolutamente inexistente en algunas y en otras los contenidos son inadecuados o no se ha universalizado la prestación.
Hay discordancia, hay heterogeneidad de situaciones entre las distintas provincias, tanto es así que según estudios anteriores, el 100% de los/as encuestados/as dice que nunca recibió educación sexual en San Luis y según esos mismos estudios, no llega a la mitad de la población quienes en la Ciudad de Buenos Aires o en Santa Fe recibieron alguna información. Es una situación de absoluta disparidad, y coinciden las provincias donde hay peores indicadores en materia de mortalidad materna, embarazo adolescente y violencia sexual contra las mujeres, con aquellas en las que hay mayor privación de derechos como la educación sexual o el acceso a los métodos anticonceptivos.
El Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable está siendo muy activo a nivel nacional desbloqueando las resistencias en muchos sectores del ámbito de la salud, pero necesitamos de manera imprescindible que el sistema educativo se haga cargo de la parte que le compete. En este sentido quisimos llevar adelante este Estudio de opinión pública a nivel nacional para demostrar científicamente lo que era nuestra experiencia a través de las recorridas por todo el país, y que suponemos va a ayudar a quienes deben tomar decisiones: los/las parlamentarios/as para sancionar una Ley, el Consejo Federal de Educación para ya comenzar a discutir y cotejar los distintos programas, leyes y las diferentes modalidades de trabajo a nivel provincial sintiéndose absolutamente respaldados/as por ésta que es una demanda extendida de la población en su conjunto: la educación sexual como una necesidad, como un acompañamiento a los y las adolescentes, como un complemento de la educación que se les da desde las familias.
Nueve de cada diez estamos apoyando y esperando.
A PROPÓSITO DEL DEBATE DE LA EDUCACIÓN SEXUAL EN LA ESCUELA:
Expectativas sobre los Contenidos y Formadores:
Rol de la Educación Sexual en la Escuela:
* Espacio Abierto
La Educación Sexual debe llegar a la escuela.
Vivimos en un mundo bombardeado por imágenes, frases y mensajes con alto contenido sexual. Padres y madres se esfuerzan por formar e informar a sus hijos / as pero muchas veces se encuentran sin saber qué decir ni cuándo decirlo y suelen encontrarse también con que los chicos / as parecen “saber” más que ellos / as.
Sin embargo, cada vez más jóvenes con SIDA, cada vez más enfermedades de transmisión sexual, cada vez más embarazos adolescentes, más muertes por aborto, más niños y niñas abusados / as ponen de manifiesto que ese “saber” no le ha servido para protegerse ni para ejercer con responsabilidad su sexualidad.
El proyecto de ley que presentamos con el Diputado Kravetz y la Diputada Polimeni incluye la educación sexual integral en la enseñanza obligatoria, desde preescolar hasta el fin del secundario, con contenidos definidos por el Ministerio de Educación y adecuados a cada etapa evolutiva y sobre todo con formación y capacitación para todos / as los /as docentes.
Estoy convencida de que la escuela tiene un rol fundamental que cumplir y que el Estado debe proveer la formación y las herramientas adecuadas para que cada docente sepa qué y cómo decirlo en cada etapa y para que cada niña, niño y joven reciba la información precisa, pertinente y actualizada y la formación en valores que le posibilite una concepción positiva de la sexualidad y le permita ejercerla con responsabilidad en el marco del amor y del respeto por sí mismo / a y por los demás.
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