Informe |
Por Gabriel Santagata * |
VIVIR Y MORIR EN SAN TELMO |
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Con la salida de la convertibilidad las drogas encarecieron ostensiblemente. El mercado de los estupefacientes se reacomodó al nuevo escenario con sustancias mas baratas (pasta base de cocaína-en adelante PBC o bien sus desechos) y devastadoras como el Paco. La pasta base no es sinónimo de marginalidad ya que es evidente el aumento del consumo en jóvenes de clase media. Charlamos con Guillermo; un pibe del barrio de San Telmo, víctima de un flagelo que llegó para quedarse.
Guillermo tiene 16 años y vive desde siempre en San Telmo. Sus padres son propietarios y tienen empleo estable, nada haría presumir que desde hace años consume drogas; pero mucho menos que consumo pasta base.
El estereotipo del consumidor de paco es por lo menos exagerado; inmediatamente idealizamos adolescentes mal entrazados y desmejorados físicamente. Esta imagen es producto del enraizado discurso en la sociedad que vincula directamente a la pobreza con el delito.
Un estudio de la Organización de Estados Americanos y Naciones Unidas publicado en el matutino Clarín, señala a la Argentina como el país sudamericano con más alto consumo de cocaína entre los estudiantes secundarios. Los jóvenes “clasemedieros” no se drogan en la calle fundamentalmente porque pueden acceder a diferentes lugares para hacerlo; o bien porque son contenidos en sus propios hogares familiares. Al igual que con el consumo de otras drogas, existen usos más controlados, o bien menos compulsivos.
El paco en la clase media se presenta de esta manera como invisible para la mayoría de “los ciudadanos correctos”. Los “paqueros” pobres son usuarios con mayor visibilidad, ya que se drogan al aire libre, en esquinas o rincones del barrio sin mediar vergüenza alguna. Argentina “lidera el ranking” de consumo de cocaína en adolescentes de 13 a 17 años. El 2,5% -revela un sondeo realizado por la ONU- ha consumido cocaína por lo menos una vez, en el último año. Argentina está en segundo lugar en el consumo de pasta base (“paco”), droga llamada alegremente “veneno de los pobres”. La Argentina dejó de ser un país de tránsito de la droga, un lugar donde se terminaba o fraccionaba la cocaína, antes de seguir viaje. La caída de la convertibilidad tuvo infinidad de consecuencias; tanto es así que alteró el normal funcionamiento de la compra-venta y consumo de drogas ilegales.
La cocaína mudó su venta una vez más hacia los sectores de mayor poder adquisitivo (norte de la Ciudad) mientras que los barrios más pobres (sur porteño) consumen las sobras de sus pares adictos de las zonas acomodadas. En épocas no muy lejanas al que vendía drogas se lo denominaba “el puntero o dealer”; en la actualidad es muy común la venta en cientos de casillas ubicadas en las diferentes villas de emergencia porteñas. Es “gente común” que se gana el sustento como cualquier cuentapropista; no es extraño que se puedan adquirir paco en locales caseros que además funcionan como verdulerías o almacenes.
CONSULTAS: SEDRONAR: 0800-222-1133 SADA (Pcia BS AS): 0800-222-5462 |
ROMINA UNA VICTIMA Romina Albarenga es un caso testigo que indica que el avance del paco y sus consecuencias en la ciudad.
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Guillermo es “un pibe de familia” desde muy chico tiene una buena base de conocimiento acerca de las distintas drogas y sus disímiles métodos para consumirla, por eso arriesga definiciones caseras tales como que el “paco es el mambo que te dura dos segundos; es la resaca de la cocaína y es terriblemente adictivo”. Un consumidor transita por lo menos cuatro etapas: en primer lugar “euforia” (disminución de las inhibiciones) luego “disforia” (el sujeto bruscamente empieza a sentirse angustiado y deprimido con un deseo incontenible de seguir fumando) un tercer momento que deviene en el consumo sin interrupciones que busca mitigar la sensación anterior cuando todavía se mantiene la dosis en la sangre. Por último “la etapa de psicosis y alucinaciones” (agitación, paranoias, agresividad, alucinaciones) La compulsión obviamente se traduce en cantidad con la resultante de saturación tóxica y posterior deterioro físico. Esto último se refleja en la perdida de peso y en quemaduras en la boca de los chicos, producto del mal armado de la pipa.
Guillermo relata que “con el Paco te pinta estar encerrado; hasta que no bajás del mambo no salís a la calle; te perseguís por los vecinos, querés estar tranquilo. Además se consume mucho alcohol porque se te seca la garganta. En una noche te podés fumar tranquilamente 40 o 50” Para fumar paco se utiliza un cilindro (por lo general una antena de televisión o pipa) en el cual se le introduce virulana y se reserva espacio como para poner “la pasta”. El efecto por fumar (entre 8 y 40 segundos) varía de acuerdo al tipo de precursores incluidos en la preparación, pero es casi automático. Un dato importante es que efecto-placer se desvanece con la misma celeridad, al mismo tiempo que provoca una compulsividad insoportable a seguir fumando. Es difícil la medición o bien introducir análisis de porte matemático, pero teniendo en cuenta el breve tiempo de efecto; el paco termina saliendo mas caro que las drogas clásicas. El precio en San Telmo es de $5 la unidad. Guillermo conoce algunos lugares de venta, me tira alguna pistas pero se niega a concederme precisiones “los mas conocidos son el portón que está sobre la Avenida Paseo Colón frente al Parque Lezama, los conventillos sobre la calle Chile (entre Piedras y Bolívar) o por Piedras entre Estados Unidos y Carlos Calvo y además los Hippies venden los fines de semana en la Plaza Borrego”. Pero la mayoría de los consumidores prefieren arriesgar un poco y adquieren la droga por solo $1 la dosis “en Villa Tranquila, al costado de la Isla Maciel o bien en la Villa de Zavaleta”.
Guillermo hace memoria y me previene de la posibilidad que el histórico punto de venta frente al Lezama no exista más “porque lo reventó la cana hace unos meses”. “Un pibe que vivía en el portón tiene un hermano de la Villa Tranquila –afirma Guillermo- no se que problema tuvieron, pero lo que se sabe es que el de la isla se trajo un fierro y mató a los tres peruanos que vendían”.
El consumidor de clase media adquiere el dinero para comprar la droga en su casa, en primera instancia porque los padres les conceden recursos para su normal desenvolvimiento adolescente; cuando se suspende esta boca de expendio es probable que hurte electrodomésticos de su propio hogar; por último la entrada a delitos de mayor cuantía se presenta como inminente. Los chicos pobres mendigan monedas o directamente roban en la calle. A esta altura del micro informe surge indefectiblemente la necesidad de información acerca de algún tratamiento que mitigue semejante enfermedad social. En sí no dista demasiado de cualquier intervención con pacientes adictos a otras drogas, pero teniendo en cuenta el deterioro físico y el grado de intoxicación los pacientes son en primera instancia sometidos a un proceso de limpieza del organismo.
Lograr la abstinencia del “paquero” se torna a veces dificultoso, pero los especialistas en estos casos son más flexibles para no expulsar al paciente del programa de recuperación. Guillermo tiene conocimiento de “un pibe del barrio que actualmente se está tratando en el CENARESO -Centro Nacional de Reeducación Social- pero es escéptico en cuanto a las chances de recuperación. Si bien el mayor porcentaje de los paqueros se inician en edad temprana, Guillermo sabe de la existencia de “gente grande –más de 20 años- que tienen trabajo y se queman la plata con el paco”, en este último caso la droga se financia con recursos producto de trabajos legales. En el transcurso de la entrevista Guillermo me confesó una docena de historias urbanas, como aquella que “en la Boca una piba del barrio estuvo encerrada con su novio dos semanas en una casilla sin salir, hasta que su hermano la rescató. Cuando la vimos no lo podíamos creer, bajó una banda de kilos” pero mi sangre se congela cuando me cuenta que “una pibita del barrio que no tiene ni 15 años y que todos conocemos te chupa la p… por $2 o $3”. Hasta los adictos se definen en diferentes categorías; tenemos los de primera que consumen cocaína o bien drogas sintéticas en “Fiestas Rave-electrónicas”; o de segunda que consumen paco, denominados peyorativamente como “muertos vivos”. “Es casi imposible dejar de tomar paco, si me permitís dar un consejo, yo les diría a los pibes que se dejen de joder con el paco. Les diría…quedate tranquilo que no vas a terminar bien”
Entonces ¿el Paco mata? Está claro que este tipo de desecho de droga es altamente nocivo para el organismo, además tiene que ver el tipo de aditamento con el que se lo consume; pero muchos de los paqueros no muere de enfermedades derivadas del consumo, sino que pierden la vida por el acceso a la droga por métodos violentos: pelea intrabandas o con otros sujetos o bien por represión de las autoridades policiales mientras delinquen para conseguir dinero. “Estando de gira salís a chorear; cuando la tenés no pasa nada. Cuando se acaba hacés cualquier cosa. Hasta sos capaz de salir a reventar a algún tranza” narra Guillermo con la seguridad de quien sabe de que está hablando. “Drogado no respetás a nadie, ni siquiera al vecinos del barrio; de todas formas como San Telmo se puso de moda, viene gente de todos lados; los turistas son los más fáciles para robar”.
A los paqueros no los defiende nadie, son considerados “fisuras” por quienes toman cocaína, y particularmente maltratados por la policía. “Si la cana te encuentra coca te saca los papeles, y te dicen…nos vemos. No te llevan. Quedáte tranquilo que la policía toma mas que nosotros” se anima Guillermo con ánimo de denuncia.
No existen políticas claras por parte del estado de la ciudad acerca de la problemática planteada. El Asesor Tutelar de Menores e Incapaces de la Ciudad, Gustavo Moreno, recientemente presentó un recurso de amparo contra el gobierno porteño por “omisión en la atención a los adictos, menores de edad, de ambos sexos y que requieren internación”. El incumplimiento de la ciudad es evidente.
Existen cuatro centros de atención ambulatoria para la problemática de la drogodependencia pero que no son aptos para la internación de pacientes, por lo tanto la derivación al CENARESO es automática; dicha autoridad administrativa nacional solo interna pacientes mayores de 18 años, y en caso de crisis a adolescentes varones mayores de 14 años. La respuesta-reflejo por parte de las autoridades del GCBA es por lo menos desprolija y sin diseño. Se prometió una clínica para víctimas del Paco (no se aclaró sobre los enfermos de otro tipo de estupefacientes) en un predio sobre la Avenida Independencia 947. El mencionado edificio es gestionado desde hace tres años y escriturado, o sea comprado por el Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC) en favor Movimiento de Ocupantes e Inquilinos (MOI). Esta reconocida cooperativa de viviendas efectiviza sus proyectos por medio de los mecanismos institucionales que requiere las diferentes normativas de la ciudad. Por lo tanto la promocionada Clínica del Paco no podrá funcionar donde pretende el ejecutivo porteño. El gobierno de la Ciudad presentó en la legislatura un proyecto de ley que contempla el un “Plan de Acción integral sobre el consumo y dependencia del PBC”. Al cierre de la edición de esta revista no pudimos acceder al mencionado proyecto.
La Comisión de Salud de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires está tratando dos proyectos sobre el uso, abuso y dependencia de sustancias psicoactivas donde se incluye la problemática del “paco”, así como también, la creación de un organismo interministerial con capacidad para coordinar las tareas de prevención, atención y seguimiento del problema mencionado. Durante la ronda de discusiones del Presupuesto 2007 la Ministra de Derechos Humanos y Desarrollo Social, Gabriela Cerruti, promocionó el lanzamiento en conjunto con Ministerio de Educación y el Ministerio de Salud el “Primer Plan de Lucha Integral contra el Paco en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”
Hasta la fecha solo podemos publicar estos anuncios; es por eso que inmediatamente finalizada esta nota publicamos los dos únicos números de teléfono de las instituciones que si bien de manera precaria (por imposibilidad) pueden brindar algún tipo de información acerca de tratamientos. El 70% de los menores de 18 años se encuentran por debajo de la línea de la pobreza. El disciplinamiento económico-social-y cultural al cual son sometidos nuestros pibes siempre in crescendo puede terminar en un genocidio encubierto. El estado esconde sus desperdicios bajo la alfombra. Querido lector le propongo que colabore en cuanto la instalación en la agenda pública de esta problemática; porque el hambre es crimen. Ningún “ pibe pobre” en Argentina.
* Director Alerta Militante