Editorial

QUIMERAS, UTOPIAS y la eterna

solución PROVIDENCIAL

Don quijote Un país que se acerca a cumplir sus 200 años de existencia cuyo recorrido por su historia nos produce la impresión que su constante ha sido la sensación de crisis y en definitiva un destino más marcado por quimeras que por utopías.

 

Si de constantes históricas hablamos no podemos pasar por alto aquellas que indican que el destino común de los argentinos se encuentra truncado desde afuera y que por ende la solución, ese reencuentro con un destino nacional de grandeza, también será de forma providencial. No desconocemos la importancia de los factores externos (la cuestión de la deuda externa y las asimetrías fruto de pensamientos imperiales son una buena muestra de la importancia de ellos) sino que creemos necesario destacar que el no pensar la perspectiva interna de nuestra crisis clausura definitivamente la posibilidad de la construcción racional y pasional de un imaginario de país integrador y nos condena al eterno retorno de las quimeras. El estallido de diciembre de 2001 fue el catalizador de un proceso que comienza con una dictadura y ya a partir de los noventa se hace indetenible y que concibe al país como un lugar donde la integración social y los derechos ciudadanos dejan de ser la base constitutiva de la sociedad. Una sociedad de consumidores dóciles (los que pueden) en lugar de ciudadanos críticos. Ante este trasfondo es mayúsculo el desafío que tenemos como sociedad y nada menor el que tiene el Gobierno Nacional. Si la gestión de un gobierno nacional supone la articulación de cierto estado de cosas de una sociedad, de allí que siempre sea importante su acción, en la actual situación adquiere una relevancia aún mayor. Esto es así porque a la inocultable degradación social se suma una absoluta desarticulación de la política tal cual la conocíamos hasta el momento. El gobierno nacional se encuentra en una encrucijada y de cómo la resuelva depende en gran parte de si el país resuelve mirando el futuro o el pasado. Es necesario reconocerle el avance en la política de derechos humanos y el regreso de algunas certidumbres cotidianas; así mismo es necesario no olvidar que el punto más importante de cambio de la lógica neoliberal estructurada, la redistribución de la riqueza, no parecen mostrar signo alguno de cambio. Si el futuro de la Argentina está en sus jóvenes y niños hay varios datos preocupantes: según el INDEC aunque el 44,3% de la población es pobre, entre los niños es muy superior: el 60% de los menores de 14 años vive en hogares pobres. 6 de cada 10 menores son pobres porque sus familias no tienen ingresos suficientes para comprar los bienes y servicios básicos; son cinco millones y medio, sobre un total de 9.423.580 jóvenes, en 1999 sólo tenía alguna necesidad básica insatisfecha el 31% del total; también creció el porcentaje de excluidos, los que no estudian ni trabajan, del 13 al 15 por ciento y sólo el 37,45 por ciento de las personas de hasta 29 años tiene un trabajo. Por último el Comité contra la Tortura la ONU le reiteró un pedido a la Argentina : que prohíba el ingreso de menores en dependencias policiales por las numerosas denuncias de tormentos recibidas y las escasas condenas que se verifican al respecto. La delegación nacional ante ese comité, encabezada por Rodolfo Mattarollo, jefe del Gabinete de la Secretaría de Derechos Humanos, reconoció que la práctica de la tortura no responde a situaciones excepcionales en nuestro país sino que son rutinas de las fuerzas de seguridad del Estado . Ratificó también que se tortura en cárceles y comisarías, que es frecuente la existencia del gatillo fácil y que los crímenes de lesa humanidad cometidos por el Estado, en general, no reciben castigo. La encrucijada entonces es decidir si esos datos y situaciones son coyunturales y se trabaja de forma firme en contrario o si en base al discurso del posibilismo se deja que esa coyuntura se termine de estructurar y solo se apuesta a un crecimiento macroeconómico que continua orientado por salvaciones providenciales (que lógicamente le otorgan al estado y la sociedad papeles de reparto) Como sociedad hemos vivido en carne propia que el abandono de la política (ya que es ocupada por comportamientos corporativos alejados de la ética de lo público) y no el protagonismo en ella es lo que nos ubica en nuestra actual situación. Es una de nuestras tareas su reconstrucción para convertirla en la herramienta de cambio que se necesita. Porque no se puede creer en las soluciones providenciales debemos seguir haciendo nuestro pequeño aporte, esperando que se potencie en el encuentro con muchos otros que sienten lo mismo, para quizás llegar a los doscientos años como Nación habiendo reconstruido una utopía inclusiva como la que nos dio origen.

 

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